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lunes, 20 de agosto de 2012

Fogata




necesitaba del silencio, pero no del silencio de un mudo, ni del silencio de un delincuente culpable o el de una conciencia inquieta...no, yo necesitaba de ese silencio que lo succiona todo, del tipo de silencio que sientes mientras duermes, que solo puedes ver con los ojos cerrados, que solo puedes razonar con la mente en blanco, de ese tipo de silencio que en la ciudad no encuentro y que el campo parece estar plagado.

con la intensión de ir en busca de el tomé mi mochila y me fui en dirección desconocida, pues el destino no me importaba, lo único que quería era encontrar ese silencio devorador pues necesitaba sacarme el ruido de dentro. caminé sin destino por muchos días, o por lo menos para mi parecieron ser muchos, hasta que llegue a una pradera  por una entrada que encontré en la carretera, eran tiempos tranquilos y los asaltantes no eran preocupación para mi, lo que mas me preocupaba era el ruido ensordecedor que  me estaba matando y aveces me hacía flaquear.

me detuve frente un árbol , el único en medio de la pradera, allí descanse mis pies y mi pobre conciencia y decidí pasar junto aquel sabio amigo la noche oscura y estrellada de mi camino, al anochecer ya tenia la fogata encendida y lista para acompañarme en la oscuridad, dispuesta a hipnotizarme en los momentos en que me perdía observando  su baile ondulante.- puede que muchas veces en otro lugar otra persona halla querido seguir por un camino desconocido y perder la vida que siempre ha llevado- comencé a pensar- son personas que tienen el deseo de volver a sentir sorpresa o preocupación por algo mas que no sea el dinero, pero tienen miedo de su propio silencio, tienen miedo de lo que quien no les acompaña pueda pensar- dije ya en vos alta, y al mismo tiempo me sorprendí esperando una respuesta de mis únicos compañeros en aquella soledad, el sereno árbol y el fuego bailarín.

en un momento en que ya casi me quedaba dormido escuche una tímida voz que me decía:

el silencio es tan aterrador como la oscuridad, 
porque así como la oscuridad 
es ausencia de luz, 
el silencio es ausencia de sonido

-me quede esperando que la misma voz  continuara hablando para poder cerciorarme que no estaba empezando a enloquecer, sin embargo fue otra voz  la que habló esta vez:

y debes recordar que la valentía
 no esta presente cuando no se tiene miedo
 si no cuando se tiene y se vence con dificultad 
el silencio es nuestro idioma
y por eso es tan especial
el silencio son nuestras palabras
palabras  que ustedes no pueden escuchar
 porque viven llenos de un ruido tan inmenso  
que el silencio no les cabe dentro 
y no pueden escuchar nada mas 
que no sean  sus lamentos.

 en esta ocasión la voz  era mas densa, lejana,  fuerte , sabia ,milenaria y si se puede decir algo un poco extraño de un sonido es que al imaginármela podía sentirla saliendo de mi  como un eco antiguo, guardado en lo mas hondo de mi ser, sin embargo no tuve que buscar mucho para comprender que quienes me hablaban no eran seres creados por mi, era el silencio que andaba buscando el que me había encontrado. Había podido escuchar lo que antes no habría entendido y había podido entender lo que antes no habría creído, me  sentía como nuevo y listo para seguir caminando aquella misma noche, sin embargo aquel árbol, y el fuego que al apagarse se encendió dentro de mi continuaron hablando conmigo y compartiendo aquello que ellos ya me habían dicho pero que por el ruido no había  podido escuchar.

Fenixlit 

sábado, 11 de agosto de 2012

Ser ella, Ser yo




Algunas canciones no sólo te traen recuerdos, te traen palabras, que unidos hacen un sombrero en contra de los malos pensamientos. La lluvia también trae recuerdos y palabras, que arman el ambiente necesario a la nostalgia, de las muchas tardes que en vida me senté a escribir frente a una ventana, donde la lluvia era la principal protagonista. La que más recuerdo, es aquella en que aprendí a que la vida es sólo un suspiro, que se repite a sí mismo.
Estaba sentada en mi sillón, en una casa vacía de ilusiones, llena de temores y desazones. Sólo estábamos mi sillón y yo, esperando que llegara la soledad o la muerte, que para el caso de mi sillón era lo mismo. Cerca tenía al mar para arrullarme, y lejos tenía los recuerdos que nunca me habían pertenecido, y que yo, aún insistía en llamarles míos.
Desde la ventana pude ver el mundo pasar, el viento correr y llevarse de paseo una hoja juguetona, que ya no quería quedarse más tiempo rendida a los pies del árbol; una hoja amarillenta que ya tan sólo esperaba volver de donde había venido, y que todavía así tenía las ansias de remontar el viento sin ningún otro prejuicio que conocer lo que en una vida, ya pasada, no había vivido. Seguí con mis ojos a la valiente hoja que volaba con sigilo, a la valiente hoja que, aún casi sin el color de la vida, tenía deseos de remontar el viento, y conocer esa parte oscura que aún le faltaba por ver. Me entraron unas ganas de ser esa hoja, y viajar en mi propio viento; de navegar por esos mares que todavía me daba el tiempo para conocer, sin embargo la pequeña hoja fue más valiente.
Entonces escuché una voz suave y serena, ligera y transparente: el ciclo se repite. Entonces cerré los ojos, y vi la frágil vida de la hoja; la vi en cada camino que en otros tiempos caminé; la vi a cada paso observándome correr, con una energía ya pasada, yendo y viniendo sin más no poder, tras algo que no recuerdo ya, pero que sin duda en su momento fue importante. Ahora me veo como estoy, ahora soy yo la hoja en mi corazón. Me quedo estática, esperando la hora que pierda de la vida el color, mientras observo a quien me observaba sufriendo por querer ser ella, cuando ella en su momento sufrió por querer ser yo.


Fenixlit.