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domingo, 28 de julio de 2013

CARCACHA


imagen cortesia de http://interesanteyutil.blogspot.com

Sentada esperando mi autobús decidí tomarme de a poco mi jugo de naranja, hacia un calor terrible, podía verse la danzarina silueta del calor salir de la carretera, las  uvas playeras que adornaban la calzada languidecían bajo el ardiente sol de las doce del medio dia, todo parecía marchitarse o ralentizarse debajo de aquel poderoso del cielo.
Incluso la gente se desvanecía como una ilusión debajo de aquella abrumadora fuerza de la naturaleza, no era posible mirar hacia adelante sin sentir esa presión en los ojos, los autos en su defensa tocaban sus bocinas con mas estrepito, el sudor bajaba por las frentes de los conductores, y mientras tanto mi autobús no aparecía.
Ya se me estaba haciendo tarde y de no contar con  mi jugo de naranja, también habría perdido el conocimiento en aquel infierno. Miré de nuevo mi reloj como por milésima vez, parecía haber avanzado un minuto, sin embargo al mismo tiempo parecía haberse congelado en la misma hora mientras la aguja encargada de los segundos se movía con parsimoniosa lentitud.
De pronto escuche con demasiada nitidez la bocina del viejo aparatejo que hacía de autobús y bien podía ponerse en un museo, una vieja carcacha forrada de óxido, remiendos, y pedazos al aire, sonó de nuevo la bocina y trate de entrar dentro de la masa de gente que ya lo ocupaba, no era de extrañar que aquella hora y en aquel lugar la desesperación por llegar sin otro medio posible, nos hiciera viajar en una cuerda floja a punto de romperse